30 nov. 2008

005 - De Farra

Los seres humanos, específicamente los de Guayaquil, no dejan de sorprenderme. Acabo de regresar de lo que bien podría llamarse, mi primera noche de farra. Registraré a continuación la experiencia.

En Guayaquil, la mayoría de sitios de diversión nocturna se encuentran a escasos metros de mi edificio, en un lugar conocido como "La Zona Rosa". Carmen, me había comentado que era el mejor para divertirse y tomarse unos tragos. Yo, que no vine aquí a divertirme, ni sabía a qué se refería con "tomarse unos tragos", decidí ir para ver de qué se trataba.

La "Zona Rosa", no tiene nada rosa. Fue lo primero que llamó mi atención. El lugar, con una extensión de cuatro cuadras a la redonda, estaba bastante bien arreglado y limpio. Cientos de jóvenes merodeaban en grupos, de entre 4 y 10 integrantes, entre los bares y discotecas. Todos lucían limpios y bien arreglados, lo que me hace suponer que estaban en busca de apareamiento.

A las 23:00, la mayoría ya había encontrado un lugar al que entrar y la "Zona Rosa" se empezó a parecer más a un pueblo fantasma. Decidido, entré a una discoteca llamada Midas. Pagué el valor de la entrada y uno de los guardias marcó mi muñeca derecha con un sello violeta. En el interior hacia música y calor. No menos de cien jóvenes, de entre 16 y 30 años, se habían dado cita en el lugar y movían sus cuerpos de manera muy extraña al ritmo de una canción aun más rara. 

Me apoyé frente a la barra y un tipo cuya camiseta parecía quedarle pequeña, me preguntó qué quería tomar. ¿Qué tienes?, le pregunté. Me cantó algunos nombres de bebidas y me decidí por una cerveza.

Luego de una hora observando y escuchando las extrañas melodías con las que los jóvenes parecían divertirse, se acercó a mi una mujer. Menuda y con mucho maquillaje, me preguntó si quería bailar. Los erisianos no bailamos y aunque había leído algo al respecto, no me creía capaz moverme como los demás. Le dije que no. Me miró de cabeza a pies, torció la cara y desapareció.

Regresé a mi edificio, un poco cansado y un poco frustrado, casi a las 03:00. Antes de llegar a mi piso, me encontré con Rocío, la dueña del condominio, que lloraba sin llorar en un escalón.

1 comentarios:

Nicolás Brito Grandes dijo...

Hola.
Deberías venir a farrear al Cristo del Consuelo, es mejor que en la Zona Rosa, la música, el patín, y gastas poco.
Debes ampliar tu campo de experimentación.